La fundación de Toa Baja comenzó en el año de 1745, a representación hecha por D. Tomás Dávila, juez del pueblo.  A nombre de los vecinos pidió la pila bautismal, que se le concedió en el mismo año, según consta en los libros parroquiales, empiezan a correr la partidas en el año de mil setecientos cuarenta y nueve.

El reconocimiento legal de la fundación de un pueblo tradicionalmente se hacía cuando se fundaba allí la iglesia católica y en torno a ella el poblado.  Una vez fundado el pueblo o partido como se le llamaba antiguamente, los tenientes a guerra eran los representantes del poder gubernamental en los pueblos, luego lo serán los alcaldes.  A partir del 1745, probablemente los alcaldes de la Santa Hermandad para el Toa, también lo fueron para Toa Baja específicamente.

Originalmente eran parte de la zona de Toa Baja los que serían los municipios de Toa Alta, a partir del 1751, de Vega Alta en 1775, y de Dorado, que se deslinda en el 1842.  Todavía en el 1765 las autoridades españolas se refieren a Toa Baja como aldehuela, con el nombre de Ribera de Toa Baja.

No obstante, ya para fines del siglo 16, Toa Baja cuenta con una creciente actividad agrícola y ganadera.  Y "al comenzar el siglo 17 la vieja Ribera del Toa se había establecido un verdadero centro urbano".  Para el 1788, la población de Toa Baja ascendía a  414 familias con 2,203 miembros.  En el pueblo sólo había cinco familias junto a la iglesia, una de las más antiguas de Puerto Rico.

Mucha riqueza agrícola, pero poco comercio y desarrollo urbano caracterizan la historia de Toa Baja, desde la antigüedad hasta la década del 1970 aproximadamente.

El río Toa (La Plata) que tanto interés genera desde el período de la conquista y colonización española ha sido el mismo que ha matizado todo el desarrollo toabajeño con las grandes corrientes de agua y las inundaciones que ha traído consigo.

Las primeras familias en establecerse en la Ribera del Toa procedieron de las Islas Canarias.  Los apellidos Marrero, Salgado y Martínez son los más frecuentes entre los primeros habitantes