Cultura y tradiciones 8 min de lectura

La Candelaria en Toa Baja: una tradición de luz, memoria y orgullo llanero

Conoce la tradición de la Candelaria en Toa Baja, una celebración de fe, historia, comunidad y orgullo cultural que mantiene viva la memoria llanera.

Ruinas de la Ermita Nuestra Señora de la Candelaria del Plantaje, Toa Baja.
Ermita de la Candelaria del Plantaje · patrimonio de Toa Baja. Archivo municipal.

Hay tradiciones que nacen en grandes plazas. Otras comienzan en lugares mucho más sencillos.

A veces nacen en una marquesina. Con unas velas encendidas, un pequeño altar, comida compartida y un grupo de personas que decide que una historia no puede desaparecer.

Así comenzó el rescate moderno de la Fiesta de la Candelaria en Toa Baja.

Esta celebración reúne fe, historia, música, memoria y comunidad. También conecta al municipio con sus raíces agrícolas, la influencia de las Islas Canarias y las ruinas de una ermita que ha sobrevivido al tiempo.

La Candelaria no es solo una actividad que ocurre cada febrero. Es una expresión de identidad. Es una forma de recordar quiénes vivieron en estas tierras, quiénes trabajaron en ellas y quiénes lucharon para que su patrimonio no quedara en el olvido.

¿Qué se celebra el Día de la Candelaria?

El Día de la Candelaria se celebra tradicionalmente el 2 de febrero.

En la tradición católica, la fecha recuerda la presentación del niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María. La imagen de la Virgen de la Candelaria suele llevar una vela o candela. De ahí nace su relación con la luz.

Para muchas comunidades, esa luz representa esperanza, fe y renovación.

La Virgen de la Candelaria también es la patrona de las Islas Canarias. Su devoción llegó a Puerto Rico con familias canarias que se establecieron en distintos puntos de la Isla durante los primeros siglos de la colonización española.

En Toa Baja, esta influencia se sintió con fuerza en los antiguos valles costeros del Toa. Allí se establecieron familias dedicadas a la agricultura, la ganadería y el comercio. También trajeron costumbres, formas de hablar, comidas y celebraciones religiosas.

La Ermita de la Candelaria y la Hacienda El Plantaje

La historia de esta tradición está unida a la Ermita Nuestra Señora de la Candelaria del Plantaje.

Sus ruinas se encuentran en el barrio Sabana Seca, cerca de Levittown y de la antigua carretera costera que conectaba a Toa Baja con Cataño.

La ermita formó parte de la Hacienda El Plantaje, una extensa propiedad agrícola vinculada durante el siglo XVIII a Miguel Enríquez. Este corsario, comerciante, ganadero y hacendado puertorriqueño llegó a convertirse en una de las personas más poderosas y acaudaladas de la Isla.

La Hacienda El Plantaje producía alimentos, ganado, azúcar y melao. Parte de su producción ayudaba a abastecer a la ciudad de San Juan, ubicada al otro lado de la bahía.

Pero su historia también incluye el trabajo de personas esclavizadas. La hacienda llegó a depender de una numerosa población de trabajadores africanos y afrodescendientes. Por eso, la ermita no debe presentarse únicamente como una capilla utilizada por sus propietarios. También formó parte de la vida religiosa de trabajadores, personas esclavizadas y habitantes de comunidades cercanas.

¿Cuándo se construyó la ermita?

En internet aparecen varias fechas relacionadas con la ermita. Algunas publicaciones dicen que fue construida cerca de 1710. Otras mencionan 1779.

La diferencia puede crear confusión.

El documento más antiguo conocido que menciona la ermita data de 1719. Sin embargo, la historia municipal indica que fue bendecida, consagrada y abierta al público en 1779.

Por eso, la forma más precisa de contarlo es esta: la ermita ya estaba documentada durante las primeras décadas del siglo XVIII, pero su consagración oficial ocurrió en 1779.

Más adelante, cuando se fundó el poblado de Trinidad de Palo Seco en 1839, la ermita sirvió como lugar de culto para sus residentes. Su importancia comenzó a disminuir hacia finales del siglo XIX. Los últimos registros de bautismos y matrimonios corresponden a 1889. El último entierro documentado ocurrió en 1891, y las fuentes del Registro Nacional indican que dejó de utilizarse alrededor de 1893.

Una ermita que estuvo cerca de desaparecer

Con el paso del tiempo, la Hacienda El Plantaje cambió de propietarios y fue dividida en terrenos más pequeños.

La actividad agrícola disminuyó. La ermita quedó abandonada y la propiedad comenzó a utilizarse como vaquería. Sus paredes llegaron a servir como refugio para ganado y otros animales.

La maleza cubrió el lugar. El acceso se hizo difícil y muchas personas dejaron de conocer su historia.

Aun así, la estructura resistió.

Sus muros de piedra, ladrillo y argamasa sobrevivieron a huracanes, terremotos, humedad y décadas de abandono. La nave, parte de la cúpula y otros elementos arquitectónicos todavía permiten imaginar cómo fue este espacio cuando estaba activo.

La ermita se convirtió en una ruina, pero su memoria no desapareció por completo.

Irma Picón y una tradición rescatada desde la comunidad

En 1979, un grupo de residentes se reunió en la casa de la familia Picón, en Levittown, para celebrar nuevamente la Candelaria.

La iniciativa estuvo encabezada por doña Irma Picón. Ella y su familia eran conocidos por su trabajo cultural y comunitario.

Aquella primera celebración fue sencilla. Prepararon un altar en la marquesina. Encendieron velas, rezaron y compartieron comida criolla.

No había tarima ni una gran producción. Había algo más importante: la voluntad de recuperar una tradición que parecía perdida.

La familia continuó celebrando la Candelaria en su hogar hasta 1985. Ese año obtuvo permiso para regresar a las ruinas de la antigua ermita.

Antes de la actividad, familiares y colaboradores limpiaron el terreno con machetes. Retiraron la maleza, acondicionaron el espacio y prepararon el lugar para recibir a los participantes. El pequeño rosario de los primeros años se convirtió después en una misa y en una celebración cultural más amplia.

Este rescate demuestra algo poderoso. Una tradición puede desaparecer de los calendarios oficiales y, aun así, permanecer viva en la memoria de una comunidad.

Solo necesita personas dispuestas a recordarla.

La fogata, la trova y el sopón

La fogata es uno de los elementos más reconocidos de la Candelaria toabajeña.

En tiempos pasados, se preparaba con leña, hojas secas y árboles de Navidad que ya habían sido retirados de las casas. El fuego representaba purificación y cierre. Para muchas familias, la Candelaria marcaba también el final de la larga temporada navideña puertorriqueña.

La celebración moderna incluye una misa, mensajes sobre la historia de la tradición y reconocimientos a personas que han trabajado por la cultura, el ambiente o sus comunidades.

También puede incluir música de trova, ofrendas florales y el encendido controlado de la fogata. Algunas personas escriben en pequeños papeles situaciones que desean dejar atrás y los colocan en el fuego como un acto simbólico.

Al final se comparte el tradicional sopón caliente.

Estos elementos convierten la actividad en una experiencia que se recuerda con todos los sentidos. Está la luz del fuego, la música, el olor de la comida y la conversación entre vecinos.

La tradición continúa activa. En 2026, el municipio volvió a celebrar la actividad cultural en las ruinas de la ermita, con misa, fogata y encuentro comunitario.

Un patrimonio protegido, pero todavía vulnerable

Las ruinas fueron declaradas monumento histórico mediante la Ley Núm. 47 de 2010.

El 30 de junio de 2015, la Ermita Nuestra Señora de la Candelaria del Plantaje también fue incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos. Su número de registro es 15000398.

Estas designaciones reconocen su valor histórico y ayudan a protegerla. Sin embargo, no significan que la estructura esté restaurada o abierta todos los días.

Los terrenos continúan en manos privadas. El acceso regular es limitado y la celebración anual es una de las pocas ocasiones en que muchas personas pueden acercarse al lugar.

Por esa razón, la ermita no debe promocionarse como una atracción turística de acceso libre. Lo correcto es explicar su importancia, indicar que se encuentra en propiedad privada y orientar al público a esperar actividades autorizadas.

La gran tarea pendiente es lograr su conservación a largo plazo. También hace falta estudiar mejor el antiguo cementerio, los posibles restos de otras estructuras de la hacienda y el yacimiento indígena identificado en los alrededores.

Mucho más que una celebración religiosa

La Candelaria reúne varias historias de Toa Baja en un mismo lugar.

Habla de la migración canaria y de la vida agrícola. Habla de Miguel Enríquez y del comercio en el Caribe. También habla de personas esclavizadas, trabajadores, familias costeras y comunidades que crecieron entre Toa Baja, Palo Seco, Levittown y Cataño.

Pero, sobre todo, habla de ciudadanía.

Doña Irma Picón y quienes la acompañaron demostraron que proteger la cultura no siempre comienza con una ley. A veces comienza con una familia que abre su casa. Con vecinos que limpian unas ruinas. Con personas que encienden una vela y deciden reunirse otra vez el próximo año.

La cultura vive cuando alguien la practica. Cuando la explica. Cuando lleva a sus hijos. Cuando guarda una fotografía o escucha a una persona mayor contar cómo se hacía antes.

Una luz que todavía nos corresponde cuidar

La Candelaria ilumina una parte profunda de la identidad de Toa Baja.

Nos recuerda que las ruinas no son piedras sin vida. Guardan historias de fe, trabajo, desigualdad, resistencia y comunidad.

También nos enseña que el patrimonio puede desaparecer cuando deja de nombrarse. Por eso es importante documentar testimonios, conservar fotografías, grabar las historias de quienes participaron en el rescate y enseñar esta tradición en las escuelas.

Cada generación recibe una pregunta sencilla: ¿qué hará con la memoria que heredó?

La respuesta está en quienes asisten a la actividad, investigan, escriben, cantan, cocinan, enseñan y ayudan a conservar la ermita.

La luz de la Candelaria no pertenece solamente al pasado.

Sigue viva cada vez que Toa Baja se reúne para recordar. Y mientras esa comunidad continúe encendiéndola, su historia no se apagará.

Referencias y fuentes
  1. Asamblea Legislativa de Puerto Rico. (2021, 27 de diciembre). Ley del Circuito Histórico-Cultural “Orgullo Llanero” de Toa Baja, Ley Núm. 70-2021. Oficina de Gerencia y Presupuesto.
  2. Irizarry Álvarez, F. (2017, 2 de febrero). A preservar la Ermita del Plantaje. Primera Hora.
  3. Municipio Autónomo de Toa Baja. (2024). Primera revisión integral del Plan Territorial de Toa Baja: Memorial, programa y reglamentación.
  4. Municipio Autónomo de Toa Baja. (s. f.). Historia de Toa Baja. Recuperado el 8 de julio de 2026, de
  5. National Park Service. (2015, 10 de julio). Weekly list of actions taken on properties: June 29, 2015, through July 2, 2015 [Registro de la inclusión de la Ermita Nuestra Señora de la Candelaria del Plantaje en el Registro Nacional de Lugares Históricos]. U.S. Department of the Interior.
  6. Oficina Estatal de Conservación Histórica. (2020, 20 de noviembre). Registro Nacional de Lugares Históricos: Propiedades de Puerto Rico.
  7. Rodríguez López, M. (2019, 16 de octubre). Toa Baja y el rescate de la tradición de la Candelaria [Presentación de congreso]. Primer Congreso Histórico-Cultural Canario, Museo y Centro Humanístico, Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo.
  8. Rosario, F. (2026, 31 de enero). La ermita del fuego y los secretos: El ritual que enciende Toa Baja. Primera Hora.

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